El trepidante vuelo del “Nueva Era”
Mientras los auxiliares de vuelo vigilaban la correcta colocación de los pasajeros en el “Nueva Era”, el comandante se dispuso a revisar el óptimo estado de los instrumentos para garantizar un buen despegue y un vuelo sin incidentes.
Entonces, asistido por sus ayudantes, destapó una caja y extrajo un tarot, cuyas cartas comenzó a barajar conteniendo la respiración. Luego eligió unas cuantas y las dispuso en misteriosas figuras, y se lanzó a interpretar el arcano mensaje que anunciaban.
Hemos de explicar que el avión era una moderna aeronave de última generación, llena de ilustres pasajeros que pretendían aterrizar en medio de un conflictivo punto de Oriente Medio, en plena guerra en esos momentos.
Al parecer, uno de los viajeros había recibido una secreta y valiosa información, según la cual los extraterrestres iban a establecer contacto con la Humanidad en esa zona, donde, con gran temeridad, asentarían su nave. Todo ello con los fines cósmicos de buen rollo y paz en la Tierra, antes de que ésta liara un cataclismo de proporciones intergalácticas que pulverizara a los planetas de los alrededores. El soplo había sido transmitido por el alienígena Muski-Muski, amigo del famoso ufólogo Javier Yerra, que a su vez se lo confió a Chute Jiménez y a Carmen Porpiés. Estos dos conocidos parasitólogos, digo parapsicólogos, iban con la intención de hacer un tour por el planeta de los visitantes y crear allí descendencia humana, hito sin parangón en la historia.
Así pues, se hallaba el comandante interpretando la primera tirada del tarot cuando irrumpió en la cabina un pasajero molestísimo; se trataba de un mente-cerrada, también llamado cabezón, que nadie sabía cómo se había colado en la trascendental expedición.
- Perdone, comandante – dijo, señalando las cartas-, no quisiera desconfiar de su profesionalidad, pero… ¿es seguro este método?
- El tarot, milenario saber procedente de Egipto, cuyo nombre alude al dios Toth… - comenzó el comandante.
-¡Cielos! ¿Estamos en manos de un dios, entonces? – gimió el mente-cerrada – ¿No podría ser, al menos, un dios cristiano? No es que yo crea, pero me resultaría más familiar…
- Váyase y tranquilícese – ordenó, muy molesto, el comandante.
Ya salía el cabezón, empujado por uno de los asistentes del comandante, cuando asomó de nuevo la nariz.
- Sólo quería puntualizar… En realidad, el tarot no procede de Egipto sino que se inventó en China, en la Edad Media, a petición del emperador Huey Song, para su solaz y el de sus concubinas, y llegó a popularizarse en Italia como juego de azar y apuestas en el siglo XV, siendo “tarot” la traducción de los “triunfos” en francés, y…
- Bueno, basta ya – interrumpió el comandante -. Siempre confirmamos los pronósticos con la Torre de Control, así que cálmese y vaya a sentarse.
- Eso me tranquiliza, supongo que el personal de allí estará compuesto por técnicos cualificados, que…
- Aquí Torre de Control – se oyó de repente -. Al habla el astrólogo Jeremías. Después de consultar la carta astral del vuelo, puedo decir que será apacible y no habrá conflicto a causa de la guerra, pues los extraterrestres extenderán su influencia de confraternización.
El mente-cerrada, visiblemente aterrado, balbuceó:
- ¿Pero ha considerado usted la precesión de los equinoccios?
- ¿Qué dice ése? – se oyó ladrar a Jeremías - ¿Quién habla?
- ¿Y la constelación de Ofiuco? ¿La ha considerado usted? – siguió el incombustible cabezón.
- ¿Qué es eso? – aulló Jeremías.
- Pues si no se documenta usted acerca de su propio “trabajo”, ¿cómo voy a confiar yo en usted? – protestó el mente-cerrada mientras era empujado fuera del lugar.
Yendo de camino a su asiento, pudo escuchar cómo Javier Yerra se ofrecía a amenizar el vuelo con la ayuda de un hipnotizador amigo suyo; éste se declaró experto en aumentar miembros viriles y pechos femeninos, sólo con hipnosis, por una tarifa razonable. Muchos pasajeros se precipitaron a hacer cola.
Sintiéndose cada vez más mareado, el cabezón corrió en busca del equipo médico, y de repente un hombretón con bata de médico emergió del botiquín de emergencia del avión.
- E...Estoy buscando un médico – tartamudeó el mente-cerrada.
- Cirilo, homeópata – se presentó el otro, cuadrándose militarmente -. ¿Qué le pasa a usted?
- Necesito algo para el mareo…
- ¡Perfecto! –se relamió Cirilo y, sacó un botecito del bolsillo -. Aquí tiene: cymbopogon nardus.
- ¿Nardo?
- Citronela, sí, señor. Homeopatía de la buena.
- Pero… eso significa que estos son los restos de… ¿cuánta dilución tiene?
- Purísima, señor mío: 30C – manifestó Cirilo agitando el frasquito a modo de maraca.
- ¡Horror! Una gota o parte de nardo en un cuatrillón de agua… ¿Y si no me hace efecto?
- Lo diluiríamos más, está claro, qué ingenuo es usted… Pero no se preocupe, también viene aderezado con alcohol, para animar un poco la mezcla.
- Entonces sí que me mareo del todo – gimió el cabezón, apoyándose sin querer en el experto Cirilo -. ¿Y si me doliera algo… o me parto una pierna… tiene algo para el dolor?
- Por supuesto –afirmó Cirilo, sacando otro bote del bolsillo -. Geranio. Aquí tiene. Son doscientos euros, todo.
- ¿Cómo? ¿Le tengo que pagar?
- ¡A ver si se cree usted que vivimos del aire, jua, jua! –y Cirilo señaló tres asientos de la parte delantera del avión -. Pase por caja. Y no se le ocurra escaquearse o mi asesor laboral le saludará de mi parte.
Al instante, una raquítica y encorvada vieja salió de detrás de Cirilo. Iba vestida con un traje de faralaes donde se leía “Echadora de mal de ojo”. Interpuso una lupa entre sus ojos pitañosos y el cabezón, pero para entonces éste estaba soltando los euros en la caja registradora cuya manivela accionaba,cual organillo, Carmen Porpiés.
Agobiado, el mente-cerrada se preguntó por qué ningún otro pasajero parecía percatarse de la onírica situación; tal vez el raro fuera él. Y entonces contempló más despacio a los expedicionarios que tenía delante. Los tres se habían ataviado para la ocasión: Chute Jiménez, de torero; Carmen Porpiés, de fallera; y Javier Yerra, por aquello de la representación internacional, de supermán.
De modo que, oyendo ya el rugido de motores y viendo que no tenía escapatoria, el cabezón se arrebujó en su sitio y, entre temblores, se echó a reír silenciosamente, pues más le valía pensar en positivo. ¿No?
Tags: tarot astrología extraterrestres homeopatía
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